Nadie puede asegurar los resultados de una cirugía ni garantizar que no se presentarán complicaciones, ya que las personas tienen distinta respuesta a la cirugía, a la anestesia, distinta cicatrización y respuesta al dolor.
El riesgo anestésico está relacionado con la salud del paciente, las reacciones severas a la anestesia son muy raras y habitualmente aparecen cuando el paciente presenta algún problema de salud previo (cardiopatías, deshidratación, fiebre, desnutrición, etc.).
Las complicaciones de la adenoidectomía son muy raras y habitualmente leves. Las más comunes son sangrado e infección. La observación del paciente durante unas horas luego del procedimiento disminuye las posibilidades de complicaciones, ya que de presentarse un sangrado, el cirujano coloca una gasa a través de la nariz hasta que el sangrado desaparece. La gasa se retira luego de dos o tres días. Es común que el lecho quirúrgico sufra una infección superficial, que provoca mal aliento por una semana, pero infecciones más profundas y severas son muy raras. La adenoidectomía es mucho menos dolorosa que la amigdalectomía. La mayoría de los pacientes no requieren analgésicos y de ser necesario con unas pocas dosis los primeros dos días suele ser suficiente.

 
 

Está demostrado que la adenoidectomía no provoca alteraciones en el estado inmunitario de los niños. Se ha visto que los niños operados de adenoides no sufren más infecciones ni infecciones más severas que los no operados.
Luego de 10 días sin actividades deportivas el niño puede realizar una actividad normal.
Es común que el cirujano quiera ver al paciente entre dos y cuatro semanas luego de la cirugía.
Existe la posibilidad que las adenoides vuelvan a crecer luego de la cirugía, sobre todo en pacientes menores de 18 meses