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Nadie puede asegurar los resultados de una cirugía ni garantizar que no se presentarán complicaciones, ya que las personas tienen distinta respuesta a la cirugía, a la anestesia, distinta cicatrización y respuesta al dolor.
El riesgo anestésico está relacionado con la salud del paciente, las reacciones severas a la anestesia son muy raras y habitualmente aparecen cuando el paciente presenta algún problema de salud previo (cardiopatías, deshidratación, fiebre, desnutrición, etc.).
Las complicaciones de la adenoidectomía son muy raras y habitualmente leves. Las más comunes son sangrado e infección. La observación del paciente durante unas horas luego del procedimiento disminuye las posibilidades de complicaciones, ya que de presentarse un sangrado, el cirujano coloca una gasa a través de la nariz hasta que el sangrado desaparece. La gasa se retira luego de dos o tres días. Es común que el lecho quirúrgico sufra una infección superficial, que provoca mal aliento por una semana, pero infecciones más profundas y severas son muy raras. La adenoidectomía es mucho menos dolorosa que la amigdalectomía. La mayoría de los pacientes no requieren analgésicos y de ser necesario con unas pocas dosis los primeros dos días suele ser suficiente.
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